viernes, 21 de febrero de 2014

Recordamos mejor a los feos


Aunque nos resulte más agradable y pasemos más tiempo mirando a las personas guapas, nos acordamos mejor de los feos. Así lo afirma un estudio de la Universidad de Jena (Alemania), tras demostrar que un rostro simétrico y de proporciones armoniosas, acorde con el canon de la belleza facial femenina, es recordado en menor medida que un rostro poco agraciado y de rasgos extravagantes. Según los autores, una cara bonita no deja huella en nuestra memoria si no tiene alguna característica peculiar que la haga única, como unos ojos desorbitadamente grandes o unos labios muy prominentes como los de la actriz Angelina Jolie.

Este nuevo trabajo desmiente la creencia popular de que los rostros de dimensiones perfectas, como los pintados por Da Vinci según la Proporción Áurea, son mejor recordados al procurarnos una mayor satisfacción visual. Los psicólogos mostraron a un grupo de voluntarios diversas fotografías de rostros de personas desconocidas. De estas caras, la mitad eran de personas poco atractivas, y los participantes apenas tenían unos segundos para memorizarlas. Días después, los investigadores volvieron a mostrarles las imágenes y comprobaron que las caras menos atractivas fueron recordadas en mayor medida. El estudio reveló además que, en el caso de los rostros atractivos, se dio un gran número de falso positivo, es decir, que los participantes declaraban que reconocían una cara sin haberla visto antes.

Estudios previos llevados a cabo en diferentes países han logrado concretar el ideal universal de belleza facial femenina: pómulos altos y ligeramente prominentes, ojos grandes, barbilla saliente y triangular, distancias pequeñas entre nariz y boca y entre nariz y barbilla, labios carnosos y gruesos, y cejas arqueadas. En vista del nuevo trabajo, estos rasgos hacen que todas las miradas se posen sobre nosotras, pero no aseguran que la próxima vez que nos vean recuerden nuestro nombre.

lunes, 27 de enero de 2014

¿Por qué el estómago es el segundo cerebro?


Todos sabemos que somos animales con un único cerebro… Ah, no, espera, parece que ese órgano que tan solo parece encargarse de tareas básicas como la digestión contiene neuronas en su interior. ¿Sabías que el estómago es el segundo cerebro? Si no tienes ni idea de por qué dicen eso, puede que necesites seguir leyendo.

¿Cómo funciona el sistema digestivo como segundo cerebro?

El sistema nervioso entérico está incrustado en la pared estomacal, y contiene alrededor de 500 millones de neuronas y nueve metros de largo encargados de hacernos sentir deseos de comer chocolate cuando estamos en una situación de estrés. Desde siempre se ha sabido que este sistema es el encargado de controlar la digestión, pero hoy en día se lo considera importante en nuestro bienestar físico y emocional.

Funciona de manera independiente o en conjunto con nuestro cerebro mediante el llamado nervio vago, y aunque nosotros no somos conscientes de sus “pensamientos”. ¿Cuáles son esos pensamientos? El sistema nervioso entérico nos ayuda a sentir las amenazas exteriores y actuar sobre ello.
Más allá de los puntos básicos necesarios por los que es importante el sistema nervioso entérico, seguramente alguna vez hayas notado cómo el mismo estómago expresa a la perfección lo que sientes. Miedo, emoción y estrés se sienten en el estómago, incluso las conocidas “mariposas” relacionadas al amor.

El sistema nervioso entérico

Mientras que en el cerebro y a lo largo de la médula las conexiones neuronales son claramente visibles, el sistema nervioso entérico está mucho más escondido en los intestinos, por lo que no fue descubierto hasta el siglo XIX.

Es parte del sistema nervioso autónomo, la red de nervios periféricos que controlan las funciones viscerales. Es el sistema nervioso original que emergió en los primeros vertebrados hace más de 500 millones de años y que se ha vuelto más complejo a medida que la evolución se llevó a cabo, dando lugar al cerebro en sí.

Es muy parecido al cerebro: tiene varios tipos de neuronas y las células gliales de apoyo, produce hormonas y neurotransmisores –incluso generan más dopamina y serotonina que el cerebro–.

La digestión es algo bastante complicado, por lo que tiene sentido que haya una red de nervios que controlen la mezcla de los alimentos, la coordinación de las contracciones musculares y mantener el ambiente bioquímico necesario para que las enzimas hagan su trabajo.

Además, necesita muchas neuronas ya que comer es algo tremendamente peligroso: está lleno de invasores peligrosos. Si se detecta algo peligroso, el sistema nervioso entérico provoca una diarrea o alerta al cerebro para provocar vómitos.

Los sentimientos y el estómago

Lógicamente, el sistema nervioso entérico no tiene emociones, pero sí puede influir en la formación de las mismas en el cerebro. Si bien los neurotransmisores producidos en el estómago no pueden entrar en el cerebro más que a pequeñas zonas que carecen de una barrera de sangre como el hipotálamo; sin embargo, las señales enviadas sí pueden influir.

Cuando sentimos “mariposas en el estómago” es porque la sangre se desvía hacia los músculos ya que se activa el mecanismo de lucha o huida. El sistema nervioso entérico hace que ante situaciones de estrés el estómago aumente la producción de grelina, una hormona que hace que sintamos más hambre pero reduce la ansiedad y la depresión. Esta a su vez estimula la liberación de dopamina en el cerebro.

El vínculo entre el estómago y el estado mental se debe a que gran cantidad sobre nuestro medio ambiente proviene del intestino. Sin el estómago no habría energía para sostenernos, por lo que el funcionamiento adecuado es tan necesario que el cerebro tiene que estar conectado al mismo.

viernes, 27 de diciembre de 2013

¿Por qué nos dan calambres al tocar algunos objetos?


Seguro que te ha pasado que estás tan tranquilo y te rozas con tu amigo, o al tocar una valla o al bajar del coche y zas, calambrazo en la mano. ¿A qué se debe ésto y cómo podemos evitarlo? ¿Es peligroso? A continuación os explicaré a quién echarle la culpa de este hecho y cómo minimizar el efecto. Vamos a ello:


¿Qué son esos calambres?

Estos calambres se producen porque nuestro cuerpo elimina la electricidad estática acumulada. Seguro que si eres chica, alguna vez has notado como se te erizaba el pelo siguiendo las púas del peine. Éste es un ejemplo claro de la presencia de electricidad estática dentro de nuestro cuerpo . El otro, más molesto, es cuando tocamos algún objeto y notamos un calambrazo en el dedo, que puede llegar casi a doler.

La culpa es del ambiente seco. Cuando se trata de un día seco y frío, la conductividad del aire disminuye muchísimo, dificultando la liberación de esta electricidad estática que se acumula en nuestro cuerpo y que, debido al "efecto punta" , se libera por las zonas más puntiagudas de nuestro cuerpo (generalmente los dedos) al entrar en contacto con un objeto que posea mayor capacidad conductora, como puede ser un objeto metálico u otra persona.


¿Cómo se forma esa electricidad estática? image


Generalmente es por la fricción. La ropa, el asiento del coche, el movernos por la cama, la gente que anda arrastrando los pies, todos esos casos de fricción liberan electrones en los tejidos (incluidos los de nuestro cuerpo), creando una carga eléctrica que se va acumulando en nuestro organismo hasta que encuentran un objeto o una toma de tierra (como el coche, o una barandilla, por el que liberarse y, al hacerlo de golpe, es cuando notamos ese calambre tan molesto.


¿Como evitar estos calambres?

Acumular la electricidad estática es prácticamente imposible, ya que solo con llevar ropa ya se va produciendo esa fricción que nos irá cargando poco a poco, y la sequedad y frío del aire tampoco podemos controlarla, así que lo único en lo que podemos influir es en la liberación de esa energía. Para ello, cuando uno crea que ha podido acumular electricidad estática, porque ha estado montando en coche, o si has dado muchas vueltas en la cama o andando sobre una alfombra arrastrando los pies, lo mejor es encontrar una "toma de tierra" en la que liberar esa electricidad, haciéndolo con la mayor superficie posible . Es decir: en ve z de tocar un objeto con un dedo, hacerlo con la mano completa, como abrir la puerta del coche tocando el cristal primero con la palma de la mano, o descalzándote y poniendo un pie en el suelo, etc.


image En las empresas de electrónica, como el riesgo de perder el producto a base de calambrazo, suelen llevar un aparataje como el de la imagen, en contacto con el pie y con el suelo para ir liberando la electricidad estática poco a poco de forma continua.


El riesgo no suele ser mayor que el de una sensación incómoda y, a lo mejor, algo dolorosa, aunque en casos extremos, en una gasolinera, por ejemplo, la chispa podría desencadenar un incendio. De todas formas, no creo que haya de qué preocuparse, que es muy difícil llegar a acumular tanta electricidad estática sin liberarla antes de alguna manera.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Adán sí esperó a Eva


¿Quién fue primero? ¿el hombre o la mujer? La Biblia enseña que Dios creó el mundo en seis días y al sexto día al hombre y después, a la mujer. La ciencia lo explica de otra forma: nuestro ancestro común femenino más reciente fue una mujer africana, la llamada «Eva mitocondrial» y ella llegó primero, mucho antes que el hombre.

Los últimos estudios genéticos sobre evolución humana concluían que Eva tuvo que esperar a su Adán unos 84.000 años. Pero ahora dos nuevas investigaciones vuelven a cambiar la historia de la evolución humana.

No le dan la razón al Libro del Génesis, pero se acercan un poco más. Concluyen que los antepasados que pasaron su genoma al resto de la Humanidad prácticamente se solaparon durante el tiempo evolutivo. Lo que aún no cambia es el origen de la Humanidad que sigue localizándose en África oriental, donde se cree que la especie humana actual nació hace unos 143.000 años. Y desde allí estos humanos modernos colonizaron al resto del mundo.

Los dos trabajos, uno de la Universidad de Standford (Estados Unidos) y otro de investigadores italianos, en Cerdeña, se publican en la revista científica «Science».

Ocho mil años antes

Eva no fue la primera, es más, según el trabajo de la Universidad de Standford, Adán llegó un poco antes.. Sus estimaciones indican que el hombre llegó hace 120.000 y 156.000 años y entre 99.000 y 148.000 años para la mujer. Los cálculos anteriores hablaban de entre 50.000 y 115.000 años atrás para el ancestro masculino. «Habría una diferencia de 8.000 años, pero ese tiempo no es significativo en la evolución humana por eso nuestra conclusión es que tanto la Eva como el Adán mitocondrial surgieron casi al mismo tiempo. Nuestra investigación muestra que no hay diferencia», explica a ABC Carlos Bustamante, profesor de Genética de la Universidad de Stanford y autor de una de las investigaciones. Bustamante insiste en que el trabajo no cambia, todavía, el curso de la historia evolutiva del hombre. Que coexistieran los dos sexos lo que nos dice es que la evolución humana ha sido bastante complicada. «Cuanto más conocemos de la diversidad genética humana, más reconocemos que aún sabemos poco de la prehistoria y cómo llegó el hombre a colonizar el mundo», dice.

Los expertos en evolución humana utilizan la genética para explorar el pasado de la humanidad. Lo hacen estudiando los genes mitocondriales que son los que se transmiten intactos, sin mezclas de madres a hijas, y los genes del cromosoma Y, que se pasan del padre a los hijos. De esta forma intentan reconstruir el árbol genealógico de la humanidad y para denominar al ancestro común recurren a los nombres bíblicos «Adán» y «Eva» al que añaden el apellido «mitocondrial». A pesar de utilizar el nombre bíblico, es muy poco probable que fueran el único hombre y la única mujer con vida en el momento o los únicos que hoy tienen descendientes. El Adán y Eva mitocondriales fueron aquéllos que lograron trasladar con éxito el cromosoma Y y el genoma mitocondrial a la mayoría de los humanos actuales en un proceso de selección natural.

En su investigación los científicos de la Universidad de Stanfordestudiaron las secuencias del cromosoma Y entre 69 hombres en nueve zonas diferentes del globo, en Namibia, República Democrática del Congo, Gabón, Argelia, Pakistán, Camboya, Siberia y México.

Construyeron un árbol genealógico que también ha permitido conocer mejor las relaciones entre las poblaciones de nuestros antepasados que se expandieron desde África hacia el continente europeo y Asia.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Las galaxias «pierden apetito» con los años, según un estudio de la NASA

Foto tomada por el telescopio espacial Hubble de la galaxia M82 en la llamada Gran Cuchara de la Osa Mayor.

Las grandes galaxias que pueblan el Universo pierden el apetito con los años, según se desprende de una investigación elaborada por el equipo del Telescopio Espacial Spitzer de la NASA.

Este trabajo, que se ha publicado en 'The Astrophysical Journal', contradice las teorías que se han barajado hasta ahora y que señalaban que estas galaxias crecían al fusionarse con otras vecinas, en un proceso que se conoce en la astronomía como «canibalismo galáctico».

El autor principal de la investigación, Yen-Ting Lin, ha explicado que se las galaxias masivas podrían «comenzar una dieta en los últimos 5 millones de años de su vida».

Estos nuevos hallazgos ayudarán a los investigadores a entender cómo los cúmulos de galaxias, que son unas de las estructuras más masivas en el universo, se forman y evolucionan.

Los cúmulos de galaxias se componen de miles de galaxias que se reúnen alrededor de su miembro más grande, llamado BCG. Los BCGs pueden ser de hasta decenas de veces la masa de la Vía Láctea, ya que se hinchan en tamaño tras 'comerse' otras galaxias, así como la asimilación de estrellas que se canalizan en el medio de un grupo cada vez mayor.

Para controlar cómo funciona este proceso, los astrónomos estudiaron a casi 300 cúmulos de galaxias que abarcan 9.000 millones años de tiempo cósmico. El grupo más lejano se remonta a una época en que el Universo tenía de 4,3 mil millones de años, y el más cercano, cuando el universo era mucho mayor a 13.000 millones de años, es decir, hace unos 800 años del momento actual.

«No se puede ver crecer una galaxia, por lo que se ha tomado un censo de la población», ha explicado el investigador, quien ha indicado que el enfoque de su estudio permite «conectar las propiedades promedio de las agrupaciones que se observaron del pasado relativamente reciente con los que se observaron más atrás en la historia del cosmos».

Los resultados mostraron que el crecimiento de BCG se produjo a lo largo de las tasas predichas por las teorías, hasta hace 5 millones de años, en un momento en que el Universo tenía unos 8 millones de años. Después de ese tiempo, parece que las galaxias, en su mayoría, dejaron de comerse a otras galaxias que las rodean.

Los científicos no están seguros de la causa de la disminución de apetito de las BCGs, pero los resultados sugieren que los modelos actuales necesitan retoques.

domingo, 15 de septiembre de 2013

¿Cómo nace una estrella del universo?


¿Has contemplado en una noche despejada el cielo repleto de estrellas? Fijar la vista en el cielo, tanto en el día como en la noche, es una de esas cosas sencillas que tienen el poder de transmitirnos paz. Las estrellas siempre están ahí, pero cada vez que las vemos es como si las volviéramos a descubrir. Por tratarse de uno de los paisajes más hermoso, hoy te invito a conocer cómo nace una estrella del universo.


Una estrella nace en el interior de una nebulosa (una nube de gas y polvo cósmico). Las regiones más densas poseen mayor gravedad y comienzan a succionar de las zonas menos densas. Conforme transcurre el tiempo, la región densa se vuelve más densa y la rapidez con la que atrae más de las partes inferiores se hace mayor.

Una vez que todo el material cósmico de la nube fue succionado, se forma una esfera muy densa y grande; el tamaño depende de la cantidad de materia que en un inicio formaba la nube y la mayor parte es hidrógeno. La masa genera un campo de gravedad intenso, que depende de la densidad de su masa, que comienza a empujar hacia adentro, lo que hace que los átomos de hidrógeno colisionen con tanta intensidad que en cada colisión hay un rebote; la gravedad continua comprimiendo toda la masa a mayor velocidad, tanto que los átomos de hidrogeno ya no rebotan sino que se funden formando átomos de helio, el cual también se funde formando deuterio. En cada fusión se van formando elementos más estables como el hierro, oxigeno, carbono, entre otros. La fusión del hidrógeno libera energía cuya explosión es más poderosa que la fisión del uranio y plutonio.

Formación de helio y el combustible de las estrellas

El átomo de hidrógeno se compone de un electrón, un protón y un neutrón. El helio se compone dedos electrones, dos protones y dos neutrones. Por esto, si dos átomos de hidrógeno se funden, se forma uno de helio y libera energía a todas las frecuencias tales como luz, calor, rayos ultravioletas, infrarrojos, radiación alfa, beta gamma, rayos, entre otros.

Es justo el hidrógeno que con la fusión crea una fuerza en sentido contrario a la fuerza de gravedad y esta queda equilibrada, evitando que la estrella se siga comprimiendo. La estrella sobrevive gracias a este equilibrio por muchos millones de años.

Tamaño de las estrellas

Hay de todos los tamaños, unas más pequeñas que el Sol, otras más grande y otras tan grande que se tragarían al Sol junto con todos los planetas, satélites, asteroides y cometas.

El Sol es una estrella, la más cercana a nosotros y lleva 5000 millones de años aproximadamente según datos astronómicos. Es una estrella de vida media por lo que le falta otra cantidad igual de vida. 

La vida de las estrellas depende de su masa, cuanto más masiva es la estrella, menos tiempo vivirá y cuanto más pequeña sea esta o menor masa tenga, más tiempo durará. Esto último se debe a que cuanto más masiva sea la estrella, mas rápido debe consumir su combustible para compensar la enorme fuerza de gravedad y evitar el colapso gravitacional.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Cuatro ventajas de beber leche materna al nacer


Un fluido dulzón compuesto de lactosa (que aporta energía), proteínas como la caseína y grasa “sana” para crecer y desarrollar la inteligencia. Así se podría describir la leche materna. Consumirla nada más nacer pueda aportar importantes beneficios para la salud no solo durante la infancia, sino también al alcanzar la vida adulta, según revelan los últimos estudios médicos.

Protección frente a invasores. La leche materna está repleta de oligosacáridos (HMO, por sus siglas en inglés), apodados como la “fibra” de la leche humana debido a que, al no existir de enzimas que permitan despedazarlos en el estómago, llegan intactos al intestino. De hecho, son los microbios intestinales los que rompen estas moléculas en pequeños fragmentos -ácidos grasos de cadena corta- que las bacterias “buenas” del digestivo utilizan para obtener energía. En las tripas de los neonatos, este proceso mantiene activo a un ejército de microorganismos protectores que actúa como barrera ante patógenos invasores causantes de diarreas y enfermedades gastrointestinales más graves como el cólera, así como de infecciones respiratorias. 

Menos cáncer. Un trago diario de leche materna en los primeros meses de vida reduce el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer infantil, entre ellos la leucemia, la enfermedad de Hodgkin o el neuroblastoma, todos bastante agresivos. De acuerdo con un estudio publicado en la revista Journal of Human Lactation, este efecto anticancerígeno se debe, por un lado, a la presencia de una sustancia llamada TRAIL o inductor de la apoptosis. Además, investigadores de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) han identificado una alfa-lactalbúmina apodada HAMLET que, cuando entra en contacto con ácido oleico -presente en el estómago de los recién nacidos-, se convierte en un veneno letal para las células tumorales y les obliga a suicidarse.

Salud mental. La leche humana es un antídoto contra la agresividad, la depresión, la ansiedad, la timidez extrema y las conductas delictivas. Al menos esa es la conclusión a la que ha llegado la investigadora australiana Wendy Oddy tras realizar un seguimiento a centenares de niños que consumieron leche materna durante los primeros meses de vida y a otros que nunca la habían probado. Por si fuera poco, otro estudio dado a conocer en Archives of Disease in Childhood sugiere que alimentarse a partir de leche materna durante 16 semanas reduce en un 30% el riesgo de tener problemas del comportamiento a partir de los cinco años, concretamente las dificultades para socializar, la hiperactividad, los problemas emocionales y la tendencia a contar mentiras. 

Freno al virus del sida. Más del 15% de las nuevas infecciones anuales del virus del sida afectan a niños. Y se calcula que, sin tratamiento, solo un 65% de los bebés infectados sobrevive a su primer cumpleaños. Sin embargo, en los críos alimentados con leche materna estas estadísticas no se cumplen. Según acaba de demostrar un estudio de la Universidad de Carolina del Norte publicado en la revista PLoS Pathogens, se debe a que la leche materna humana aniquila sin piedad al VIH.